Mientras leo el último libro de Isabel, que compré para matar el aburrimiento una de las noches que estuve en Perú, no puedo dejar de imaginar a la protagonista tal cual como sale en la carátula del impreso. 
En estos momentos, en una afable tarde nublada, sigo avanzando en sus hojas.

Mientras leo el último libro de Isabel, que compré para matar el aburrimiento una de las noches que estuve en Perú, no puedo dejar de imaginar a la protagonista tal cual como sale en la carátula del impreso. 

En estos momentos, en una afable tarde nublada, sigo avanzando en sus hojas.